Para evitar los daños de la mosca de los frutos, los productores deben realizar acciones de control cultural, control químico y trampeo masivo.

La mosca de los frutos es considerada una de las plagas de mayor importancia económica para la producción frutihortícola de la Argentina, debido a los daños que produce en la fruta y al impacto económico y social asociado.Algunas de las producciones que ataca esta plaga son las de naranjas, mandarinas y arándanos en el NEA, y uva para consumo fresco en San Juan.

Para evitar el desperdicio de alimentos y la consecuente pérdida económica, el Senasa junto a los gobiernos provinciales lleva a cabo el Programa Nacional de Control y Erradicación de Mosca de los Frutos (PROCEM), que busca reducir este impacto socioeconómico desarrollando sus acciones sobre las plagas Ceratitis capitata (mosca del Mediterráneo) y Anastrepha fraterculus (mosca sudamericana).

El PROCEM se extiende en alrededor de 1 millón de hectáreas en distintas regiones del país y basa sus actividades en el Sistema Oficial de Detección compuesto por trampeo y muestreo de frutos.

Desde el Senasa destacaron la importancia de la participación de los productores para el control de la plaga, realizando las acciones de control cultural, control químico y trampeo masivo. Por un lado, el control cultural consiste en realizar la recolección de frutos caídos y del total de los remanentes de cosecha con una frecuencia semanal, para su posterior destrucción. Los frutos deben ser enterrados a una profundidad no menor a 30 centímetros y cubrirlos con cal viva.

Por otro lado, el control químico implica aplicar tratamientos químicos con productos insecticidas registrados y específicos para la plaga, respetando la dosis, frecuencia, forma de aplicación, acción residual y tiempos de carencia, de acuerdo a la recomendación del marbete y con la correcta calibración de maquinarias.

Por último, el trampeo masivo radica en colocar en los frutales botellas plásticas que contengan atrayentes alimenticios (ej: vinagre de manzana o de vino, fosfato diamónico) o trampas comerciales cebadas con atrayentes específicos para mosca de los frutos.

Por Revista Chacra